Dónde? Pasear en Querétaro
El Acueducto

Lo primero que ves en un promocional de Querétaro es esta imagen de 74 arcos que cruzan 1,280 metros de la ciudad. Más conocidos como los Arcos de Querétaro (y creo que hasta una canción tienen) este monumental construcción alcanza una altura máxima de 28 metros.
La historia de cómo se construyo el acueducto es especialmente mística, romántica y sobretodo emocionante.
Resulta que a Don Juan Antonio de Urrutia y Arana (Marqués de la Villa del Villar del Águila) quien había llegado a México en 1670 para ocupar importantes puestos y muy casado con Doña María Josefa Paula Guerrero y Dávila Moctezuma Fernández del Corral (qué quieren que haga así se llamaba) que además de tanto nombre era riquísima, le encargaron trasladar a un grupo de monjitas que venían a fundar el Convento de Capuchinas (actual museo de la ciudad) en 1721.
Se dice que este hombre de mundo no le encontraba la gracia al encarguito de venir a Querétaro a traer religiosas, pero el no sabía que dentro de las monjitas fundadoras venía Sor Marcela (la heroína de esta historia), pariente del Marqués y de su esposa (ojo).
Algunas historias cuentan y puede que sean eso, puros cuentos, que el Marqués se enamoró con locura de Sor Marcela y que ella aprovechando que estaba parado, le pidió que ayudara al pueblo queretano que en aquel entonces tenía una escasez de agua potable (todavía tenemos problemas con eso) lo cual producía enfermedades hídricas muy serias que provocaban muchas muertes.
Otros dicen que efectivamente se lo pidió Sor Marcela y que el Marqués accedió de pura buena voluntad (y eso que ni quería venir) y así nomás decidido a hacer el bien pagó $131,099.00 del siglo XVIII logrando una obra civil que difícilmente podrá encontrarse en México y América considerando su admirable estética, técnica y estructura.
El hecho es que se construye este acueducto y de ahí este notable hombre se sigue con otras obras muy importantes para el pueblo como; El Puente Grande así como cuatro fuentes de gran mérito artístico: La de la Virgen del Pilar, en el barrio de la Cruz; la de la plaza Mayor (hoy plaza de Armas); la de San Francisco (hoy Jardín Zenea) y la de Santa Clara.
El Marqués de la Villa del Villar muere en 1743 y deja toda su fortuna a diferentes comunidades religiosas y a sus servidores (o servidoras). Parece que sus restos posiblemente estén en San Diego, a petición del mismo Marqués en su testamento.
Pues la verdad personalmente no me agobia si fue por amor o por fe que se construyó este gran monumento en nuestra ciudad. Lo que si me parece relevante es la vida de este hombre tan dedicado ayudar al pueblo de Querétaro y su legado, que en gran parte ha sido motivo de que esta ciudad sea considerada como patrimonio cultural de la humanidad.


